lunes, 23 de febrero de 2009

El día de la lengua materna, 21 de febrero

Por un poeta peruano, sobre el derecho de los niños en torno a la lengua
materna y la palabra. Texto que puede ser reproducido citando autor y fuente
Teléfonos: 420-3343 y 420-3860 Revisar otros textos en el blog: www.danilosanchezlihon.blogspot.com

INSTITUTO DEL LIBRO Y LA LECTURA, INLEC DEL PERÚ Y CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA

21 DE FEBRERO DÍA DE LA LENGUA MATERNA


"Los niños no tienen más que derechos; los adultos no tienen más que deberes".
Carmen Sylva

1. Todo niño tiene derecho a que se le reconozca que antes de nacer ya conocía el lenguaje. ¡Es
más!: él es eminentemente lenguaje. Que los investigadores acuciosos identifican que a los tres años es un genio lingüístico. Siendo entonces la realidad del problema: ¿qué podemos enseñar a
un genio?

2.Todo niño tiene derecho a que se sepa que conoce y percibe los mensajes no solo por su forma, significado y contenido; sino por el ritmo, pálpito, eufonía. Y sobre todo por el carácter de los pasos, del alma y la respiración de los hablantes e interlocutores.

3.Todo niño tiene derecho a no sufrir esas lecciones convencionales de lenguaje. y sí más bien a ser escuchado y gozar de elogios, estima y aprecio por las palabras que sus labios pronuncian y emite su boca. A nombrar las cosas a su modo, con su hablar dulce y encantado que debemos
escuchar atentos, reverentes y arrobados.

4.Todo niño tiene derecho a vivir la felicidad en las palabras que a él se dedican y dicen. A proyectar el amor en ellas, a no aplazar la eternidad ni el paraíso sino vivirlo en los vocablos e
inflexiones que hacia él se dirigen.

5.Todo niño tiene derecho a tener una relación con la palabra en su dimensión de belleza, de sentido pleno, de gracia y de magia. Como si ellas fueran frutas, porque en verdad lo son, como
también néctares y panales de mieles.

6.A que las palabras escogidas para él sean ciertas, maravillosas y esplendentes.
A rechazar todas las que no sean fiesta, fruición y alegría. A pedir el cambio de un profesor
si las palabras de este son grises y opacas.

7.Los niños tienen derecho a revelarse contra quienes clasifiquen y nombren
sus palabras como sustantivos, adjetivos o verbos. Más aún con la incriminación de que son
pronombres o adverbios, dado que denominarlas así es maldad. O ¿qué es eso? Sino
como palabras de viento, arcilla o fuego. Otras son marinas o acuáticas.

8.El niño tiene derecho en los exámenes a ser quien pregunte y no el que responda. A quedarse
callado, sin que esto signifique nulidad. ¿Porqué podríamos acaso al divino silencio
considerarlo indigno, minúsculo o nulo?

9.El niño puede otorgarle a la palabra el sentido que se le ocurra. Si se antoja que carpeta
pueda significar barco o avión, y que pueda viajar y volar con ella libremente por el amplio cielo azul, que el maestro intente seguir dicha ruta, hasta intentar alcanzar con él las estrellas.

10.El niño tiene derecho a crear lenguajes nuevos; y es deber nuestro tener que aprenderlos, así sea que se nos atasque la lengua en el intento. A cada palabra original que él invente el adulto
ha de darle un significado hondo, vasto, y profundo. Y que complazca alniño.

11.A que las palabras dirigidas hacia él pesen toneladas de cariño, apenas miligramos en relación a lo que es norma y precepto. Y realmente nada en relación a sanciones, o prohibiciones. Mucho menos a castigos

12.El niño tiene total y absoluto derecho a pedir que se suspenda de manera inmediata a un maestro si hace del curso de lenguaje una materia hosca y penosa. Peor aún una asignatura gramaticalista cuando no hay nada más encantador, mágico y fascinante que volar cogido
a las palabras.

13.El niño tiene pleno derecho a apreciar las palabras por el sabor a anís que ellas tienen; por su color y textura. Y, sobre todo, por la fragancia que sus labios en flor y pétalos desprenden. Sin perder el gustillo a miel. Y la música de tambores, timbales y violines que en ellas resuena.

14.A que las palabras desentrañen siempre realidades y contenidos íntimos, profundos y afectivos. Que nos permitan viajar y estallar de emoción y alegría. Que ellas develen y abarquen mundos pródigos, llenos de luz, del sol, la luna y las estrellas.

15.A que no se les corrija las palabras que pronuncian, mucho menos las que escriben. No
olvidemos que ellos son genios del lenguaje. Que cuando presentan un texto, o una composición, vayamos al fondo del asunto y no a la superficie. Que tienen derecho a que se elimine de una vez
por todas a las viejas brujas: la gramática y la ortografía.

16.Los niños tienen derecho a exigir que cada palabra que a ellos pronunciemos las respaldemos con nuestros actos. Y si es posible con nuestra propia vida. Si les dijimos: "paseo" vayamos
a él así sea ya en espíritu. Incluso si horas antes y en el tramo final acaso hayamos sucumbido.
Entonces tengamos que asistir así sea muertos.

17.A que las palabras les enseñemos a sentirlas y pensarlas con autenticidad. A soñarlas
con plenitud. A obrar con ellas con autonomía, buscando y ayudando a cada uno de ellos
a encontrar su voz interior, honda y pletórica de afirmación y de triunfo.

18.A expresarse construyendo imágenes y metáforas. Y a que a él se le entienda en ese código, dado que él niño es un artista consumado en esa dimensión acrisolada del lenguaje.

19.A pedir el cambio de un maestro si la voz de este no es grata, dándose un plazo hasta que ella sea reeducada, de tal modo que se convierta en música en sus oídos. Y que más que comprender
las cosas por su significado lo entiendan por la melodía que ellas evocan y desprenden.

20.Tiene derecho a la palabra en libertad. A que las palabras sean libres, sueltas y a que le nazcan alas. Que sean saltarinas y felices. Que nada pueda aprisionar a las palabras, en especial
las academias; a fin de crear con ellas el mundo nuevo que todos nos
merecemos.